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Hace mucho, mucho tiempo, cuando no me dedicaba a esto que me dedico, que por cierto, ya no sé a qué me dedico, pasaba mi vida y ganaba mi sustento, hablándole a un micrófono. O sea, trabajaba en la radio, y hacía pinitos en la tele.
El caso es que me enviaron a cubrir una noticia cinematográfica. Eso no significa que yo fuese un experto en cine, pero me imagino, que era el más joven, el más ingenuo, y el más barato, de los disponibles. Además tenía smoking, que era preceptivo, según dijo mi director, para entrar al Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde se celebraba no se qué edición del mismo, con la asistencia de grandes directores de la época, muchos actores y actrices famosos y famosillos ( de estos últimos, más que de los primeros ), centenares de periodistas y enviados especiales , curiosos, fanáticos, abundante púbico que gritaba y daba alaridos cuando veía aparecer a sus estrellas favoritas, y demás especímenes propios de estos eventos que se agrupan siempre, cuando la farándula se pone en movimiento y se exhibe públicamente.
El caso es que ese año el Festival recibía a la celebridad del momento a nivel mundial. Y digo bien: Celebridad.
Ella era mucho más que famosa, que también lo era. Mucho más que actriz, que refrendaba con dos Oscars bien merecidos y ganados por absoluta unanimidad. Mucho más que guapa: Guapísima, pero con mayúsculas. No quiero que piensen que estoy tarado, que a lo mejor si , pero esa mujer era impresionante. Extraterrestre.
Les cuento…
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