El término genio, que en un principio designaba a los dioses tutelares, tomó el significado actual en Italia de finales del siglo XVI. Así se denominaba al que creaba a partir de sus propias ideas y experiencias, sin la dependencia de libros ni autoridades que le juzgaran. No como un sabio artesano sino como un creador por excelencia.
Paul Matussek en su libro titulado La creatividad, comentó que todo cuanto es irracional: el corazón, sentimientos, impulsos y premoniciones, prevalecen sobre la inteligencia. No en vano la época de finales del siglo XVIII se denomino la era del genio, puesto que fue la antesala del Romanticismo. Allí se comenzó a gestar un abierto rechazo al culto de la razón, propio del Neoclasicismo, para exaltar a la naturaleza y el individuo.
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